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miércoles, 12 de febrero de 2014

Según estudios: El punto G no existe.

Muchas mujeres juran que lo tienen pero un nuevo reporte, resultado de 60 años de investigación, demuestra que la ciencia no ha sido capaz de localizar el punto G.


Los científicos han usado encuestas, escaneos, biopsias, todo para intentar ubicar el punto máximo del orgasmo femenino. Después de años de investigación y el análisis de más de 100 estudios publicados al respecto, los investigadores llegaron a una conclusión:
“Sin duda alguna, esta pequeña parte de la anatomía femenina llamada punto G, no existe”. Así lo expresó el Dr. Amichai Kilchevsky, autor del estudio publicado el 12 de enero en el Journal of Sexual Medicine.
Kilchevsky aseguró que su estudio no 100% conclusivo, dejando abierta la posibilidad de que otros científicos en el futuro logren encontrarlo.

Una búsqueda de medio siglo

El punto G se llama así en honor al Dr. Ernst Gräfenberg quien en 1950 describió un área vaginal particularmente sensible de 1 o 2 cm de ancho. Su descripción puso a la medicina occidental patas arriba, y se lanzaron a la búsqueda de este pequeño punto que aparentemente revolucionaría la vida sexual de las mujeres.
Gräfenberg no fue el 1º en reportar su existencia. El Kamasastra y el Jayamangala, escritos que datan del siglo 11 en India, describían ya la existencia de una zona erógena en las paredes vaginales.
Para el estudio de Kilchevsky se revisaron decenas de estudios y encuestas. Las mujeres dijeron saber que existía este punto, pero la mayoría decían nunca haberlo encontrado.
Otros científicos han optado por las pruebas físicas, realizando biopsias de tejido vaginal. Los resultados han demostrado que existen más terminaciones nerviosas en ciertos puntos de la pared, restituyendo la existencia del punto G. Pero por cada estudio que lo demuestra, existe otro estudio que no ha podido demostrarlo.
En 2008 realizaron ultrasonidos a mujeres que reportaban haber tenido orgasmos vaginales, y encontraron un área de tejido más grueso en el área en cuestión, mientras que mujeres que nunca habían reportado orgasmos vaginales tenían más delgada esa misma zona. Sin embargo, los resultados no eran contundentes, variaban demasiado de mujer a mujer.
Kilchevsky espera que su estudio le dé esperanzas a las mujeres que se preocupan porque no encuentran su punto G o porque nunca han experimentado este tipo de orgasmos. Tampoco cree que las mujeres que aseguran haberlo encontrado estén locas, sino que piensa que es una continuación del clítoris, que es lo que muchos científicos terminaron concluyendo.
Una parte del clítoris se extienden hasta las paredes vaginales, haciéndolas más sensibles, justo en el punto en que debería localizarse el punto G.

Un estudio alentador

Dentro de las investigaciones de este Dr., se encuentran las resonancias magnéticas. La estimulación del clítoris, la vagina y el cérvix enciende diferentes áreas del cerebro, lo significa que cada parte genera una reacción diferente en el organismo.
Los científicos que condujeron este estudio se inclinan más hacia la creencia de que el Punto G sea toda un área de la pared vaginal, más que un punto en sí mismo, haciéndolo más difícil de localizar pero menos estresante.
Otros estudios sugieren que todo el conjunto de la pared vaginal, clítoris y uretra forman un equipo que podría denominarse como complejo clitoral, donde sucede toda la diversión, y que estimular cualquier parte de esta área resultará en placer femenino.
A final de cuentas, si existe o no el punto G es irrelevante. Las que lo hayan encontrado deben haber experimentado mucha felicidad, las que aún no lo encuentran no dejen de intentarlo, porque de cualquier forma, el resultado es placentero.

Fuente: actitudfem.com

viernes, 31 de enero de 2014

¿Eyaculación femenina? Pudo haberte pasado incluso sin darte cuenta.

El orgasmo femenino es una orquesta de estímulos eléctricos que sin embargo no se manifiesta visiblemente, a diferencia del orgasmo masculino.



Aunque la mujer esté increíblemente excitada, su cuerpo no da signos externos de que el orgasmo ha tenido lugar, a diferencia de la eyaculación masculina, donde el semen es evidencia indudable de orgasmo. Pero existe un alto porcentaje de mujeres que entre asombradas y ligeramente avergonzadas han experimentado lo que la industria porno ha llamado squirting, y la ciencia médica eyaculación femenina.

Esta eyaculación consiste en la expulsión violenta (pero no necesariamente dramática) de un fluido blanco o ligeramente marrón, de consistencia mucho más líquida que el semen y mucho más abundante. Aunque similar al chorro de la orina, el líquido producto de la eyaculación femenina no es orina, sino un fluido almacenado en las glándulas de Skene que es expulsado por la uretra y que no deja manchas al secarse, como el semen.

Las numerosas técnicas para producirlo recomiendan una estimulación vigorosa del punto G, ya sea con un dildo de punta curvada o utilizando posturas coitales que estimulen las paredes superiores de la vagina. Sin embargo, la disposición de la mujer para llegar al orgasmo y disparar la eyaculación femenina son factores que no deben subestimarse.

Como muchas investigaciones relativas a la anatomía femenina, la eyaculación de la mujer no ha sido estudiada sino desde finales del siglo pasado, pero se sabe que las glándulas de Skene son dos orificios a los lados del punto G, imperceptibles a simple vista, que van llenándose de la lubricación femenina y que lo expulsan durante el orgasmo. Es por ello que el punto G es importante para estimular las glándulas de Skene, que al eyacular seguirán el ritmo de este.

Por otra parte, la industria del cine para adultos ha creado –como en muchos otros casos– expectativas desorbitadas que venden la idea de que la eyaculación femenina es como un aspersor de agua. La expulsión de este líquido puede tener tanta presión como la eyaculación masculina, pero también puede presentarse como una humedad fuera de lo común que nos hace creer que hemos mojado las sábanas más de lo habitual durante el sexo, o al masturbarnos. Es por eso que muchas mujeres pudieron haber experimentado sin saberlo la eyaculación, confundiéndola con un residuo secundario de la excitación.

Fuente: avantsex.com

Masaje del Punto G.

Quien no ha oído hablar del punto G. Todos sabemos que se relaciona directamente con el placer femenino y que por ende su estimulación puede hacer a las mujeres muy felices.

Foto femina.hu
Foto femina.hu

Pero esta controversial zona de nuestro cuerpo trae muchas interrogantes: ¿Dónde está? ¿Cómo estimularlo? En este artículo te entregamos algunas respuestas.
El punto G es un tejido nervioso del tamaño de una moneda mediana aproximadamente y se encuentra en la parte posterior del hueso púbico y la zona superior al cérvix, entre unos 5 a 8 centímetros al interior de la vagina.
Pero conocer su ubicación no basta para saber cómo estimularlo, por eso, a continuación te damos los pasos de un masaje especial para este punto.

Masaje del Punto G

Encontrar el punto G no siempre es sencillo, por lo que se debe tener paciencia y un alma exploradora.Es importante que te encuentres relajada y sin ansias de alcanzar el orgasmo en pocos minutos.
La postura ideal para estimular el punto G es acostarte de espaldas, con las piernas separadas y ligeramente flectadas. También puedes probar estando semi sentada en la misma posición.
Se debe comenzar por una estimulación genital de costumbre. Luego, cuando la mujer ya se encuentra excitada, se introducen en la vagina los dedos índice y del medio y se realiza una frotación de la pared anterior de la vagina (la de arriba).
Este masaje hará que esta zona se hinche levemente. En dicho momento, se deben doblar ligeramente los dedos, de manera de realizar un masaje más fuerte y de mayor presión.
Se debe continuar con estas caricias, procurando mantener el ritmo y la intensidad del masaje, los cuales pueden ir in crescendo en la medida en que aumenta la excitación.
Al mismo tiempo, se puede complementar este masaje con una estimulación del clítoris, la cual puede ser realizada con el dedo pulgar de la misma mano, o bien con la otra mano o con la boca. Sin embargo, si se desea experimentar un orgasmo 100% punto geniano, se debe reservar la estimulación únicamente para el punto G.
Dependerá de cada mujer cuánto se tarde en alcanzar el clímax. No obstante, es importante que sepas que no siempre se alcanza el orgasmo, sobre todo en las primeras incursiones al punto G. Pero de todas maneras, las sensaciones que experimentarás serán muy placenteras y sólo es cosa de práctica y de ganas para que logres experimentar un orgasmo del punto G.

Posturas sexuales que estimulan el Punto G

La postura del misionero es una de las más recomendadas, junto con la del perrito, pues aquí el pene tiene más roce con la pared frontal de la vagina.
Lo mismo sucede con la posición de la cuchara, donde ambos están acostados de lado, la mujer de espaldas al hombre, mientras él la penetra por atrás. Con esta postura el pene alcanza de manera especial la pared anterior de la vagina, por lo que es una muy buena opción si se quiere encontrar el punto G.
Una última postura que también favorece la estimulación de esta zona, es con el hombre estirado de espalda y la mujer sentada encima, pero inclinada completamente hacia atrás, quedando entremedio de sus piernas. En esta posición se pierde el contacto visual pero se gana una frotación directa del punto G.
Ya lo sabes, sólo debes aventurarte en encontrar tu punto G para descubrir una nueva dimensión del placer.

sábado, 25 de enero de 2014

Vibradores femeninos para disfrutar a solas o en pareja.

En materia de educación sexual las mujeres hemos heredado una carga difícil de llevar. Hemos asimilado como ciertas muchas creencias, tópicos y leyendas que se han grabado a fuego en nuestra memoria colectiva y que, solo ahora, que la información veraz e igualitaria sobre sexo circula con más o menos libertad, comienzan a desmoronarse.


En cualquier caso en la era de la “infoxicación” nos encontramos con otro problema. Se escribe tanto y tan rápido sobre sexo en páginas web, revistas digitales, blogs, foros y redes sociales que los límites entre realidad y mito se difuminan. Nos reunimos en grupos digitales y compartimos lo que antes le hubiéramos confiado a nuestras amigas más cercanas con un café de por medio: ¿por qué no logro llegar al orgasmo?, ¿será buena idea comprarme un juguete erótico si tengo pareja?, ¿por qué ya no tengo ganas de hacerlo?

A pesar del ingente flujo de información que existe en la red, muchos tópicos siguen firmemente afianzados y resisten estoicamente el paso del tiempo. Uno de los temas que más debates genera y sobre el que, aún hoy, existe gran confusión, son los vibradores femeninos. Aún hay algún despistad@ que los sigue llamando consoladores, muy probablemente sin darse cuenta de la connotación negativa de este término (¿o es que acaso un vibrador nos consuela de algo o cubre una carencia afectiva?). Otra creencia muy extendida es la de pensar que los vibradores solo sirven para masturbarse o que son un sustituto del sexo en pareja, cuando la realidad es que son un excelente complemento para disfrutar en compañía y una manera más de obtener placer.

Y como sabemos que lo verdaderamente útil son los consejos prácticos, hoy os presentamos los tipos de vibradores más populares clasificados por técnicas de estimulación femenina, con algunos consejos para sacarles el máximo provecho en solitario o en compañía:

- Vibradores de clítoris: pequeños y manejables, si estás pensando en usarlos en solitario garantizan orgasmos intensos en cualquier momento y lugar, de una manera discreta, pero si te decides a utilizarlos en pareja te sorprenderás del placer que te pueden provocar. Podéis utilizar estos vibradores como un complemento más dentro de los juegos preliminares o durante la penetración. Tú ó tu pareja podéis emplear este vibrador para estimular el clítoris mientras hacéis el amor. Esto por cierto facilita enormemente el orgasmo simultáneo.

- Vibradores Punto G: mucho se ha hablado sobre el Punto G y, a pesar de ello, su ubicación exacta siendo desconocida para la mayoría. Hay quien piensa que es el clítoris, quien lo confunde con el Punto P y quien todavía cree que se encuentra en el ano. Podéis desvelar el misterio y conocer cómo estimular el Punto G femenino viendo este video o, directamente, podéis lanzaros a buscarlo con los vibradores femeninos diseñados específicamente para esta zona gracias a una curvatura en su extremo. Se introducen en diagonal bañados en lubricante, apuntando hacia la pared anterior de la vagina, y se mueven lentamente haciendo círculos. A medida que aumenta la excitación, el punto G se inflama y va adquiriendo mayor sensibilidad, por lo que la excitación va in crecescendo. Una buena idea para incrementar el placer es que tu pareja estimule el clítoris mientras introduce este vibrador. Disfrutarás seguro.

- Vibradores doble estimulación: son similares al modelo anterior pero estimulan también el clítoris, por lo que garantizan orgasmos muy intensos. Dentro de esta categoría se encuentran los populares conejitos rampantes, los vibradores de doble estimulación para clítoris y vagina más vendidos de todos los tiempos, que prometen orgasmos en tiempo récord. Podemos utilizar este juguete antes de la penetración, ya que la estimulación que producen es tan intensa que dejará la zona sensible y receptiva para nuevas caricias.

Ahora que ya hemos desterrado el mito de los vibradores femeninos entendidos como “consoladores sustitutos del sexo” os invitamos a experimentar en pareja con estos excitantes gadgets.

Fuente: femxy.com

domingo, 19 de enero de 2014

¿Quieres un mapa del Punto G femenino? Sigue estas técnicas para estimular a tu chica.

El mítico punto G ha motivado, por mucho tiempo, debates sobre su existencia, y sobre todo sobre si realmente es poseedor de tanto placer, ya que algunas mujeres pueden no conocerlo y por lo tanto sentirse insatisfechas.


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Una investigación reciente dedujo que éste no existe, argumentando que podría ser un producto de la imaginación estimulado por las revistas y los terapeutas sexuales. Dicho estudio realizado por el equipo del King’s College de Londres fue hecho a mil 800 mujeres y no se encontró ninguna prueba de la existencia de dicha zona.

El sexólogo Miguel Alejandro Espinosa Díaz comenta sobre esta área: “El punto G (nombrado así en honor a su descubridor Grafenberg),  es un remanente de tejido y células prostáticas capaces de producir líquido parecido al seminal, además de orgasmo y se encuentra en la pared anterior de la vagina, esto es, estando una mujer acostada e imaginando un reloj sobre su vientre, el punto G habría que localizarlo entre las once y la una, es un área sensible que al ser estimulada presenta cierta hinchazón y sensación de placer.”

Datos sobre el estudio

De acuerdo con el sitio ciudad.com.ar y con el especialista coautor del estudio Tim Spector, es virtualmente imposible encontrar rastros reales del punto G y da como subjetiva la idea de dicha zona femenina.

Espinosa Díaz, por su parte, asegura que aunque existen estudios que dicen que todas las mujeres tienen punto G, hay otros que lo ponen en entredicho, por lo que sería imposible afirmar con plena certeza el dato, pero la tendencia indica que existe en todas.

El estudio mencionado se realizó de la siguiente manera: Las mujeres participantes eran gemelas o mellizas, se les preguntó si tenían el punto G, si una de ellas respondía que sí se esperaba a que la otra, con genes idénticos también la tuviera, eso no pasó.

Sobre dicho estudio el especialista refiere que es válido expresar lo que se piensa, especialmente si existen pruebas científicas de nuevos descubrimientos, “ya que esto incrementa el conocimiento humano y resulta muy útil, más allá de la controversia, el verdadero valor es la experiencia de cada mujer.

“Es importante conocer y explorar el cuerpo para encontrar los puntos eróticos, llámese punto G o no.  Para quien le interese el conocimiento teórico, este reporte de investigación habría que confirmarlo con la investigación científica para conocer su validez; a quien le interesa el práctico, es una invitación a seguir la exploración y la comprobación de la posibilidad de su existencia, sin que esta búsqueda se vuelva una obsesión”, explica Miguel Alejandro Espinosa.

Si es verdad que existe, ¿cómo se llega?

El sexólogo dice que tomando en cuenta la zona en la que se puede ubicar el punto G, o sea, en la parte anterior de la vagina, “se puede estimular con el dedo y con el pene en ciertas posiciones que a su vez exciten la pared anterior; asimismo, con un vibrador u otro juguete sexual; más allá de detallar una técnica, requiere una búsqueda de la pareja en constante comunicación para conocer cuál es la sensación al tacto o contacto,  si requiere mayor presión o algún movimiento en especial.”

Sin embargo, asegura que las mujeres no deben preocuparse, “no se trata de localizar aquí o allá, sino de comprender que hay todo un mundo de sensaciones que se registran y que ni siquiera tienen que ver sólo con el orgasmo, como si ése fuera el único objetivo; hay múltiples posibilidades que ofrece el cuerpo antes que quedarse con un pequeño modelo, incluso es posible tener orgasmos sin una sola caricia.”

“Como lo dice Beverly Whipple, una de las científicas que más estudios y difusión ha hecho sobre el Punto G: “El clítoris es maravilloso, el punto G y las fantasías también, cualquier cosa, menos pensar que hay sólo una manera de gozar”, finaliza Espinosa Díaz.

Sin embargo, si ya te lanzaste a su exploración, existen algunas técnicas para hacer mas fácil esa búsqueda: una es examinar la vagina con los dedos indice y medio puestos en forma de “J”, comenzando por la pared frontal (la mas cercana al hueso de la pelvis) y moviendo el dedo en círculos.

Es importante para el éxito de la indagación, que la mujer vaya indicando a su pareja, lo que va  sintiendo sin pretender que lo adivine. La zona en cuestión tiene una textura áspera o estriada (que se diferencia de la superficie suave y lisa del resto de la vagina), y al ser estimulada aumenta de volumen, explica infosexual.net

Fuente: leanoticias.com

viernes, 17 de enero de 2014

Astrología hot: el “punto G” de cada signo.

Cada parte del cuerpo está regida por un astro y recibe una energía altamente erótica. Te damos una guía para que conozcas la debilidad de tu pareja y consejos para que redescubras la pasión.

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¿Acariciarlo, suave, en la espalda o besarlo apasionadamente? ¿Tocarle los pies o decirle palabras subidas de tono al oído? Seguramente tu pareja tenga un punto vulnerable, híper sensible, que lo haga explotar de placer. Dejá de lado los complejos, los pudores y los miedos y apostá a ese franeleo  previo súper excitante. Nosotras te indicamos cuál es su “punto G” de acuerdo a su signo, vos contale cuál es el tuyo. Y disfruten de a dos.

Aries. Amantes fogosos, apasionados y creativos a la hora del amor, su punto débil es la cabeza. Lo vas a volver acariciándole la cara, la frente y masajeándole el pelo. Pedile que cierre sus ojos y besalo despacito en la boca, los párpados y la nariz. De este modo, toda la fuerza erótica de Marte –el planeta que lo rige- se va a meter en tu cama.

Tauro. Tiernos, cariñosos y entregados al amor más puro, los taurinos no se resisten a las caricias y besos en el cuello y la nuca. Masajeale la parte superior de los hombros, que es la que corresponde a su signo regido por Venus, el planeta del amor. Además, su piel es extremadamente sensible, no la olvides a la hora de los juegos amorosos.

Géminis. Los hombros, los brazos y las manos son la debilidad de estos amantes tranquilos, nobles y sensibles. Incansables, durante una sola noche te pueden dar el doble de amor que cualquier otro signo del zodíaco. ¿Qué los enloquece? Los besos y las caricias en las axilas, los codos y las muñecas.

Cáncer. Intuitivos y súper cariñosos, se derriten apenas les tocás el pecho, los costados del torso y la panza. Podés colocar tu cabeza en esas áreas o masajear con aceites perfumados y cremas. Y besarlos apasionadamente, sobretodo en la tetillas.

Leo. Dicen que dejarse amar por una persona de este signo es más fácil que amarla. Sumamente exigentes, no cualquiera puede hacerles sentir sensaciones placenteras. Desafialo estimulándole toda la zona del corazón, el centro del pecho y la región superior de la espalda. Es, justamente, el “plexo solar” que se encuentra bajo la influencia directa del Sol, regente de Leo. Eso sí, nunca te apures, hacé todo de manera delicada. ¿El secreto? Apoyá tus labios suavemente en zonas para estimular sus fantasías eróticas.

Virgo. Excelentes amantes, comprometidos y siempre preocupados por dar el máximo placer, el punto G del signo se encuentra en el abdomen y las ingles. Probá con  pellizcos suaves y mordiditas ligeras y eróticas alrededor del ombligo. Además, dedicate a acariciarlo en toda la zona que rodea las caderas. ¡Te volverás irresistible e imprescindible en su cama!

Libra. Equilibrio y total para amantes “con horario determinado”. Pero su tendencia a lo rutinario y lo monótono puede ser revertida si encontrás su debilidad: la parte posterior de la espalda llegando a la cola y las zonas laterales del torso. Hacele masajes fuertes y profundos en la zona y combinalos con besos, caricias y mordidas suaves. ¿Un detalle infalible? Los librianos adoran que te bañes con ellos.

Escorpio. Es el signo más sexual del zodíaco. Para ellos, el sexo es vida y no hay nada que les guste más. Apasionados e intensos, su zona erógena se encuentra en los órganos sexuales en sí, la espalda y la parte inferior del tronco que se encuentra entre los genitales. Pero el secreto está en hacerlos esperar: no empieces estimulándolos allí, primero dedicate a explorar todo su cuerpo, a erotizar su piel y a excitarse mutuamente.

Sagitario. Amantes fogosos, apasionados y poco convencionales, llegan al éxtasis cuando se les estimulan los muslos y los glúteos. Signo regido por Júpiter, la parte interior de sus piernas cercana a los genitales también es un centro de erotismo sagitariano. Con tus manos y tu boca acariciale esas partes suavemente, haciéndole cosquillas íntimas ultra excitantes. Algo que a los sagitarianos les resulta muy erótico es que los afeites o –si te animás y él también- les rasures sus partes íntimas.

Capricornio. Discretos pero apasionados, los capricornianos aman dejar un buen recuerdo como amantes entre sus parejas. Dueños de cierta tendencia a la infidelidad, las pantorrillas son su debilidad. Masajealo en esa zona con cremas o aceites perfumados, dale mordiscos suaves y –el detalle infalible- besale la parte de atrás de la rodilla.

Acuario. Descarados, elegantes y sin límites a la hora de gozar, los acuarianos mueren de placer cuando se les estimulan las piernas. Amantes de las sensaciones, lo ideal es que juegues en esas zonas con diferentes elementos: podés hacerles cosquillas con una pluma, acariciarlos con una tela suave o… ¡Lo que tu imaginación te lleve a hacer! La libertad que caracteriza al signo también la trasladan a la cama por lo que siempre estarán dispuestos a vivir nuevas experiencias, incluir juguetes sexuales o hacerte propuestas súper originales.

Piscis. Libres, a veces tiernos y a veces todo lo contrario, resultan irresistibles para el sexo opuesto. Mantenerlos en tu red de placer y lujuria no es fácil, por eso no te olvides que los pies los enloquecen. Arregláselos, masajeale las plantas presionando el centro y llevá sus dedos a tu boca, uno por uno, acariciándolos y besándolos dulcemente. También podés aumentar el erotismo apoyando sus pies en distintas partes de tu cuerpo.

Fuente: clarin.com

miércoles, 15 de enero de 2014

El sexo sentido



Hoy he hecho el amor y me ha salido buenísimo.

Una luz roja parpadeante a punto de apagarse en cualquier instante. Humo que salía ininterrumpido a la solitaria calle y noche fresca, oculta tras un abrigo negro largo que llegaba a la altura del tobillo, lugar donde empezaba el largo tacón que golpeaba contra el suelo haciéndose notar.

El coche se paro justo delante de mi y una ventanilla se bajó para escucharle diciéndole:"Sube". Su voz ya de por si, cautivadora, me incitó a apagar el cigarrillo, mirar a ambos lados de la calle y meterme sigilosa en aquel coche rojo de cristales tintados. Sin hacer ruido, sin ojos fisgones de esos que se quieren unir a la velada, de esos que hablan de tríos ya consumados en su imaginación, de los que creen saber dónde se encuentra el punto G, o el A, o el T o el J, porque puestos a poner, le dan a todo por contar de seguir. Pero eso es otro capítulo aparte.

Giré la cabeza y allí estaba él, con las dos manos al volante, el pelo repeinado y engominado, la calefacción puesta y la radio que contaba peripecias de personas desalmadas que buscan consuelo en las ondas, al igual que los hay quienes lo buscan tras una pantalla, o tras un móvil. Eso me hizo pensar de repente, en la gran cantidad de gente que conocía que al encerrarse en su guarida, o en la habitación, o en su habitáculo, conectaban con su verdadero yo, ese que esconden por miedo, vergüenza o venganza. O los que empiezan su auténtica vida, con un mensaje que hacen que se acelere el corazón, no por el contenido sino por la remitente. O los que sacan el látigo y el antifaz y esperan que su ama les diga lo que tienen que hacer. Los mismos que luego se suben a un estrado a frotarse las manos.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo. La luz se puso verde y en un arrebato de pasión después de tanto tiempo sin verle, me lancé a su cuello, me volví a embriagar de su perfume y dejé que mis manos se deslizaran por su cuerpo. Su mano me agarró del pelo y susurrándome al oído, mientras escuchaba sus palabras, mientras el aliento de su voz se introducía en mi canal auditivo, mis ojos se iban cerrando y el carmín de mis labios iba dejando huella, marcando territorio. ´
Frenó en seco y me pidió que me calmara mientras su mano se pasaba de la palanca de cambios a mi rodilla e iba subiendo. Yo me reía, pero apenas me daba tregua.

Los cristales empezaron a empañarse y la luz de las farolas era la única testigo de aquel encuentro. Le miré con las ganas de quien sabe que a pesar del tiempo, de las circunstancias y de los vendavales, de la cantidad de agua mojada que había llovido durante imperdurables días y noches solitarias.

Sí. Lo reconozco. Las mujeres tenemos un sexo sentido para ver determinadas cosas, para hacernos las tontas y para creernos más listas de lo que somos. Últimamente me he dado cuenta de que hay muchas reinas sin corona y damiselas en apuros enamoradas de caballeros de armaduras oxidadas, de caballeros sin caballo pero que  montan a la primera que pillan o soldados valientes que se enamoran del amor tras fracasos esperados. El mundo es un caos y yo me enamoro, pero, ¿quién dijo que no se podía una recomponer la melena, sacudirse el polvo de los que ya fueron, subirse a los altos tacones y volver a pisar con garbo, como antaño, siendo la que siempre he sido.

Y es que no hay más que ver esas muecas sostenidas por gafas, esos ojos ido al norte, esas palabras viciadas de falta de pasión... Y los años pasan y lo que soportan sobre sus cabezas se hace cada vez más grande. Definitivamente, creo que muchas desconectan el chip del sentido común y se dejan llevar por la necesidad.

La carretera estaba completamente desierta. Dejó el coche en el mirador y se bajó a fumarse un cigarrillo. La ciudad estaba completamente iluminada, despuntando lucecitas de vidas ocultas tras los tejados. Me eché sobre su hombro y me abrazó con tanta fuerza que casi se quedaba sin respiración, como cada vez que sucumbíamos en su cama a las pasiones y las ganas.

Miré al cielo y sonreí. Si no lo vivo no lo creo. Sin duda, los propósitos de este 2014 iban a ser muy distintos al anterior, porque había aprendido más que nunca, aunque nunca es suficiente. Manipuladores engalanados de mentiras que chupan las ganas de quien le promete un cargo a cambio de cargarse a quien se interponga en su camino, profesionales de enseñar desesperados por tocar con sus métodos educativos los falos vía mensajes, que pagan a acompañantes para cenas de empresa y proclaman a los cuatro vientos su amor por mensajeras palomitas que se creen afortunadas de sostener en sus manos al hombre su vida y cantantes viajeros enamorados de su instrumental y de cuantas mujeres se le pongan por delante, o por detrás, que no han olvidado a su ex y que no crecen ni evolucionan. Sí que ha sido agitado este año. Tanto como para poder contar con pelos y señales muchos encuentros con muchos de ellos, porque ellos son ese sexo sentido que saben que sigo hablando de ellos, bien porque se pasen por aquí bien porque les comenten que mis afiladas letras han vuelto a recordarles.

No hay más ni menos. Nuestros labios se volvieron a unir. Mi lengua rozó de nuevo sus labios sonando a un "te he echado mucho de menos", sus manos recorrieron mi cuerpo otra vez con un "me alegro de volver a tenerte" y sus ojos me gritaban llenos de pasión "me muero de ganas por enredarme en la cama contigo".

Todo termina por volver al sitio donde debían estar. Cada uno está con quien quiere estar o con quien cree que merece. Al final, finaliza y empieza todo. A veces parece que no, pero vivir, funciona. Así que desayunemos juntos, y luego ya, nos comemos lo que quede del mundo.

Fuente: diario de los tacones rojos